El leve sonido de las uñas del perro sobre el suelo puede hacer dudar: ¿ha llegado el momento de cortarlas? La respuesta no depende de un calendario fijo, sino de la longitud de las uñas, de cuánto se desgastan por sí solas y de si el perro se mueve con comodidad. Si nunca lo has hecho, lo más prudente es pedir primero una demostración a un veterinario o a un profesional con experiencia.
El objetivo no es dejar unas patas “perfectas”, sino mantener las uñas en una longitud que no provoque dolor y que permita que el animal tolere la manipulación sin estrés. Un buen cuidado se construye poco a poco, con sesiones breves y repetidas, no con una intervención brusca.

Revisar todas las uñas, incluidos los espolones
Conviene observar al perro de pie, sobre una superficie donde no resbale. Si las uñas parecen alterar el apoyo, se curvan en exceso o se enganchan con frecuencia, toca revisarlas. El ruido al caminar sobre un suelo duro puede servir como aviso, pero por sí solo no basta para decidir cuánto hay que cortar.
No olvides comprobar los espolones, si los tiene. Al no tocar el suelo como las demás uñas, no se desgastan del mismo modo y suelen pasar más desapercibidos. Si ves una uña rota, un dedo hinchado, una cojera o si el perro se lame insistentemente una zona, lo correcto es pedir valoración veterinaria. No intentes resolver una posible lesión recortando simplemente lo que sobresale.
Antes del cortaúñas, acostumbrar al perro al contacto
El primer paso no es cortar, sino enseñar al perro a aceptar la manipulación. Elige un momento tranquilo y una postura estable. Empieza tocando con suavidad el hombro o la pata durante un instante, retira la mano y recompensa si el perro permanece relajado. Después, avanza poco a poco hacia el contacto con los dedos, sin apretar ni mantener la pata inmovilizada demasiado tiempo.
Más adelante, presenta la herramienta a cierta distancia y acércala de forma progresiva. Si el perro retira la pata, se queda rígido o intenta apartarse, estás yendo demasiado deprisa. No pasa nada por detener la sesión después de un pequeño avance. Forzar la situación para “terminar rápido” suele empeorar la experiencia y complica el siguiente intento.
Si el mantenimiento de las uñas te genera dudas o el perro se pone muy nervioso, puede ser útil recurrir a un profesional de peluquería canina. Antes de la cita, conviene explicar cómo reacciona el animal para que el trato se adapte a su nivel de tolerancia.
Qué parte de la uña se puede cortar
La uña contiene una parte viva, vascularizada y sensible. En las uñas claras suele distinguirse con más facilidad; en las oscuras, en cambio, la separación no siempre se ve bien. Por eso no conviene guiarse por una medida universal ni por una foto encontrada en internet para decidir dónde hacer el corte.
Después de una explicación adaptada al perro, el procedimiento debe hacerse con muchísima prudencia, retirando solo pequeñas porciones de la punta y comprobando el resultado en cada paso. Si no sabes identificar con seguridad el límite, es mejor detenerse. Cuando las uñas están muy largas, puede ser necesario un plan progresivo con ayuda profesional, en lugar de intentar corregirlo todo de una sola vez.
Blue Cross explica el cuidado de las uñas y recomienda pedir una demostración cuando no se tiene seguridad. La herramienta ayuda, pero no sustituye el conocimiento de dónde y cómo intervenir.
Elegir una herramienta cómoda para tu mano y para el perro
El cortaúñas debe tener un tamaño adecuado, estar bien afilado, sujetarse con facilidad y permitir ver lo que estás haciendo. Si es demasiado grande, puede ocultar la uña; si está en mal estado, corre el riesgo de aplastarla en lugar de cortarla. Las guías o topes no garantizan por sí solos una manipulación segura. En el caso de una lima eléctrica, también hay que tener en cuenta que el perro debe acostumbrarse al ruido y a las vibraciones.
Los productos que puedan compararse a continuación sirven solo como referencia general para valorar distintos modelos de cortaúñas. No constituyen una recomendación personalizada para tu perro. Comprueba siempre el tamaño, el agarre y las indicaciones del fabricante, y pide orientación si no lo ves claro.
Una por una y con derecho a parar
Antes de empezar, deja todo preparado, procura una buena iluminación y evita colocar al perro en una postura incómoda. Si solo consigues trabajar una uña con calma, la sesión ya puede darse por válida. El resto se puede continuar más adelante, según el ritmo que marque el animal y las indicaciones recibidas.
No conviene mezclar una sesión complicada de uñas con el baño y otros cuidados solo porque el perro ya está sujeto. Para muchos animales, fragmentar los cuidados en varias tomas es mucho más llevadero que intentar resolverlo todo de una vez.
Si has cortado demasiado
Detén el corte de inmediato, mantén la calma y aplica una presión suave con una compresa limpia. Consulta con el veterinario si el sangrado no cede, si la uña queda desgarrada o si el perro sigue mostrando dolor. Es mejor no improvisar con productos caseros ni administrar analgésicos para humanos.
Después de un incidente así, lo aconsejable es retomar el aprendizaje con más calma en otra ocasión. El perro puede haber quedado asustado, y eso no significa desobediencia. Un buen mantenimiento de las uñas no se mide solo por el largo final, sino también por el nivel de comodidad durante todo el proceso.
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