¿Cómo se siente tu perro cuando sube al coche? Si no le da ningún miedo y disfruta de los trayectos, lo más probable es que salte directamente al asiento en cuanto abras la puerta. En cambio, si le asusta, puede resistirse cuando intentes colocarlo con seguridad dentro del vehículo y pasar todo el viaje llorando o inquieto. Aunque se trata de una fobia frecuente en los perros, también puede ser un problema delicado y potencialmente inseguro para conducir.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, se puede ayudar al perro a superar ese miedo y a sentirse cómodo durante los trayectos. La clave está en introducirlo poco a poco en la experiencia y en asociar el coche con vivencias agradables, apoyándose siempre en refuerzos positivos.
Por qué algunos perros temen viajar en coche
Existen varias razones por las que un perro puede mostrar miedo a subir al coche. El primer paso es identificar cuál de ellas le afecta, porque solo así podrás decidir cómo actuar.
Mareo por movimiento
Como les ocurre a las personas, algunos perros sufren mareo durante los trayectos. Pueden sentir náuseas e incluso vomitar. Si esto te resulta familiar, esa sensación desagradable podría haber condicionado a tu mascota para asociar el coche con una experiencia incómoda y, por tanto, temerla.
Una experiencia desconocida
Los perros que no están acostumbrados a viajar pueden sentirse desorientados por todo lo que implica ir en un vehículo. El coche tiene un olor particular, además del ruido del motor, las vibraciones del suelo y la sensación de ver pasar el paisaje a gran velocidad. Cualquiera de estos elementos, o varios a la vez, puede resultar abrumador para un perro sin experiencia.
Asociaciones negativas
Algunos perros relacionan el coche con vivencias desagradables y eso basta para que aparezca el miedo. Un caso muy común es el de los animales que solo suben al coche para ir al veterinario. Si tu perro no vive bien esas visitas, es fácil que traslade esa sensación negativa también a los trayectos.
Cuando un perro procede de un refugio, aumenta la probabilidad de que haya pasado por experiencias que no conocemos. Tal vez sus únicos viajes en coche hayan sido el traslado al refugio, el desplazamiento desde un lugar donde fue abandonado o el trayecto hacia un nuevo hogar. Ese tipo de situaciones, especialmente si fueron estresantes, pueden explicar una fobia al coche.
Del mismo modo, un perro que ha sufrido un accidente de tráfico o ha sido atropellado puede desarrollar un miedo persistente a los coches en general.

Qué hacer a continuación
Si el miedo del perro al coche está relacionado con el mareo, la solución puede ser relativamente sencilla, porque los perros también pueden tomar algunos medicamentos para aliviar el malestar por movimiento. Habla con el veterinario para elegir la marca y la dosis adecuadas, y para confirmar si esta opción es conveniente en tu caso. También puede ayudar evitar los trayectos poco después de que el perro haya comido.
Si el miedo va más allá del mareo, probablemente necesites dedicar más tiempo y constancia a reducir esa fobia. La idea es familiarizar al perro con el coche de forma gradual y construir una asociación positiva con la experiencia.
Empieza por acercarlo al vehículo sin forzarlo. Muchos perros con este temor se frenan en seco en cuanto ven el coche. En vez de arrastrarlo hasta allí, invítalo a acercarse poco a poco con premios y elogios. Si la fobia es leve, quizá baste con unas pocas sesiones breves para que llegue por sí solo hasta el coche. Cuando el miedo es más intenso, harán falta más encuentros. Para que el esfuerzo merezca la pena, usa premios de alto valor o sus juguetes favoritos.
Sigue usando el refuerzo positivo para animarlo a entrar. Abre todas las puertas para que no tenga la sensación de quedar atrapado una vez dentro. Con premios y una voz tranquila y alegre, invítalo a subir al coche sin prisas.
Este proceso suele funcionar mejor si colaboran dos personas de referencia para el perro. Una puede sujetarlo con la correa junto a un lado del coche, mientras la otra se sitúa dentro o al otro lado del vehículo y lo llama con premios y un tono entusiasta para que se anime a entrar.
Dedica un rato a que el perro se sienta cómodo dentro del coche antes de pasar al siguiente paso. No tengas prisa por cerrar las puertas ni por arrancar el motor en cuanto logre subir. Deja primero las puertas abiertas y pasa un tiempo tranquilo con él, dándole seguridad. Después, avanza poco a poco hasta que tolere permanecer dentro con las puertas cerradas. Según el nivel de miedo, esta fase puede llevar varias semanas o incluso más.
Cuando ya se encuentre cómodo, enciende el motor. Nada más arrancar, dale premios y háblale con calma para reforzar la experiencia positiva; después apaga el motor. Repite el ejercicio varias veces hasta que pueda permanecer relajado dentro del coche con el motor en marcha.
Empieza con trayectos muy cortos. No conviertas el primer viaje en una salida larga. Las primeras veces, basta con dar una vuelta corta por la manzana o salir y volver, siempre premiándolo durante el recorrido. Más adelante, aumenta la distancia de manera gradual.
Llévalo a destinos agradables. El primer viaje largo no debería ser al veterinario. Es mejor escoger un lugar que le resulte divertido, como el parque para perros, la playa o incluso una parada de comida rápida para conseguir una pequeña hamburguesa. Así, el perro empezará a vincular el coche con experiencias positivas.
Sé paciente y constante, y trabaja siempre en sesiones breves. Conviene terminar cada intento antes de que el animal entre en un estado de miedo intenso. Mantener el ambiente tranquilo y predecible ayuda mucho a que el progreso se consolide.
Cada perro es distinto y, según el grado de temor, puede llevar tiempo superar la fobia. También es normal retroceder algún paso si un día vuelve a mostrar conductas de miedo. Eso no significa que el proceso haya fracasado; simplemente hay que ajustar el ritmo y seguir avanzando con prudencia.
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