Con la llegada del verano, y con ella la época en la que muchos dueños refuerzan los tratamientos antiparasitarios de sus animales de compañía, la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, del Medio Ambiente y del Trabajo, a través de la Agencia Nacional del Medicamento Veterinario, recuerda una advertencia esencial para los propietarios de gatos: no deben tratarse con medicamentos veterinarios que contengan permetrina.
Durante los meses cálidos aumenta el uso de productos contra parásitos externos. Sin embargo, estos tratamientos no deberían considerarse una medida puntual reservada al verano. La prevención frente a pulgas y otros parásitos externos debe mantenerse a lo largo de todo el año, porque estos organismos pueden aparecer en cualquier estación y causar molestias, dermatitis y otros problemas de salud en perros y gatos.
La Agencia Nacional del Medicamento Veterinario (Anmv) subraya que estos medicamentos, disponibles en farmacias, clínicas veterinarias e incluso en algunos establecimientos de venta libre como grandes superficies, jardinerías o tiendas para animales, no son productos inocuos. Aunque su presencia en el mercado pueda dar una falsa sensación de seguridad, su uso exige criterio, precaución y una elección adecuada según la especie a la que van destinados.
La recomendación básica: consultar al veterinario
Ante la variedad de antiparasitarios disponibles, la opción más prudente es comprar estos productos en la clínica veterinaria o, al menos, pedir orientación profesional antes de usarlos. El veterinario puede valorar qué tratamiento resulta más seguro y más apropiado para cada animal, teniendo en cuenta su edad, peso, estado de salud, convivencia con otros animales y posibles riesgos de toxicidad.
Además, en algunos casos el coste de los antiparasitarios para perro y gato puede quedar incluido en el forfait prévention de determinadas pólizas de seguro de salud animal, tanto para perros como para gatos. Esa cobertura puede ayudar a asumir parte del gasto asociado a la prevención, que sigue siendo una herramienta fundamental para evitar complicaciones más graves.
La permetrina: un riesgo serio para los gatos
La advertencia más importante de la Anmv se centra en los antiparasitarios para perros formulados con permetrina. Estos productos pueden ser muy tóxicos para los gatos, incluso cuando la exposición parece pequeña o accidental. El organismo insiste en que esta sustancia no debe emplearse en felinos bajo ninguna circunstancia.
El motivo es claro: los gatos no tienen la capacidad de eliminar ciertos compuestos como la permetrina con la misma eficacia que otras especies. Por eso, tras el contacto con este tipo de medicamentos, pueden desarrollarse síntomas neurológicos graves, como temblores o convulsiones. En los casos más serios, la intoxicación puede resultar mortal.
El riesgo aumenta con algunas formulaciones concentradas, como las pipetas. En estos casos, bastan unas pocas gotas para desencadenar reacciones peligrosas en los animales más sensibles. Esa realidad convierte una aplicación aparentemente rutinaria en una situación potencialmente crítica si no se respetan estrictamente las indicaciones de uso.
Accidentes que siguen produciéndose
La Anses, dentro del sistema de farmacovigilancia veterinaria que coordina a través de la Anmv, lleva años registrando reacciones adversas graves e incluso mortales en gatos expuestos a antiparasitarios externos con permetrina destinados a perros. Aunque el número de accidentes ha disminuido desde 2007, el problema no ha desaparecido.
De hecho, pese a las campañas de información y a las medidas preventivas implantadas, cada año continúan notificándose casos. En 2012, por ejemplo, la Agencia registró 258 declaraciones de efectos indeseables en gatos tras la administración de tratamientos con permetrina; 121 fueron calificadas como graves y 16 de esos animales murieron. Estas cifras muestran que la intoxicación no es un riesgo teórico, sino un problema real que sigue afectando a muchos hogares.
Cómo evitar una intoxicación
La primera medida es sencilla: no administrar nunca a un gato un medicamento veterinario que contenga permetrina. Los envases suelen incluir un logotipo o advertencia específica para alertar sobre este peligro, y conviene leer siempre el etiquetado completo antes de usar cualquier producto antiparasitario.
Si se produce una exposición accidental y aparecen síntomas, se recomienda lavar al gato con champú o con jabón y contactar cuanto antes con un veterinario. La rapidez es importante, porque una actuación temprana puede reducir la gravedad de los efectos. En caso de intoxicación, la atención veterinaria resulta indispensable.
En los hogares con varios animales también es esencial prevenir las exposiciones indirectas. Los perros tratados con productos que contengan permetrina deben mantenerse alejados de los gatos hasta que el punto de aplicación esté completamente seco. Además, hay que evitar que el gato pueda lamer la zona tratada del perro, ya que ese contacto puede ser suficiente para provocar una intoxicación.
La precaución debe extenderse también a otros usos domésticos. En casos menos frecuentes, se han notificado intoxicaciones cuando algunos de estos antiparasitarios para perros, en especial los sprays, se han utilizado para tratar cestas o cojines destinados a los gatos. Por eso no basta con aplicar bien el producto sobre el animal: también hay que evitar que el entorno del gato quede contaminado por sustancias pensadas para otra especie.
Una prevención sencilla que puede evitar consecuencias graves
La lucha contra pulgas, garrapatas y otros parásitos forma parte del cuidado habitual de perros y gatos, pero no todos los productos sirven para ambos. El error más peligroso es pensar que un tratamiento eficaz para un perro también lo será para un gato. En materia de antiparasitarios, la especie marca toda la diferencia.
Por eso, antes de comprar o aplicar cualquier medicamento veterinario, conviene verificar para qué animal está indicado, seguir al pie de la letra las instrucciones del fabricante y pedir consejo profesional si existe la menor duda. En los gatos, especialmente, esta cautela puede marcar la diferencia entre una simple rutina de prevención y una urgencia veterinaria.
Fuente: Anses (Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, del Medio Ambiente y del Trabajo).
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