Características, origen e información útil para aficionados.
Después del pez dorado, los betta —también conocidos como peces luchadores siameses— figuran entre los peces de agua dulce más populares entre quienes se inician en la acuariofilia. Su colorido, su comportamiento y la variedad de formas que pueden presentar han contribuido a que se conviertan en una elección muy habitual en tiendas de animales y acuarios domésticos.
Durante años se ha vendido la idea de que un betta puede vivir en recipientes mínimos, incluso en pequeños cuencos o en jarrones con una planta. Sin embargo, esa presentación comercial dista mucho de sus necesidades reales. Aunque son peces resistentes, requieren un entorno más amplio, estable y bien pensado para desarrollarse con salud. Un jarrón decorativo no es un hábitat adecuado para ellos.
Panorama general de la especie
| Nombres comunes | Betta, pez luchador siamés |
| Nombre científico | Betta splendens |
| Tamaño adulto | 7 cm |
| Esperanza de vida | 2 a 3 años |
| Características | |
| Familia | Belontiidae |
| Origen | Camboya, Tailandia |
| Sociabilidad | Los machos no pueden mantenerse juntos |
| Nivel del acuario | Todos |
| Tamaño mínimo del tanque | 10 litros |
| Dieta | Prefieren alimentos vivos, aunque también aceptan escamas y comida congelada |
| Reproducción | Nido de burbujas |
| Cuidado | Moderadamente fácil |
| pH | 6,8 a 7,4 |
| Dureza del agua | Hasta 20 dGH |
| Temperatura | De 24 a 30 C |
Origen y distribución
El betta procede de aguas someras del sudeste asiático, sobre todo de Tailandia —antiguamente Siam, de donde deriva su nombre común—, pero también de Indonesia, Malasia, Vietnam y zonas de China. En estos lugares habita arrozales, estanques, canales de curso lento y marismas, entornos con aguas tranquilas y, en muchos casos, pobres en oxígeno.
Con el paso del tiempo, esta especie ha sido introducida en otros países, donde en algunos casos ha establecido poblaciones no autóctonas. Su expansión fuera de su área original demuestra tanto su capacidad de adaptación como el interés que despierta entre criadores y aficionados.
El nombre de pez luchador siamés no es casual. Se debe a una práctica histórica de enfrentamiento entre machos, comparable en su origen cultural a las peleas de gallos. Estos combates se han mantenido en ciertos lugares y han estado asociados a apuestas. En algunos contextos, además, se han seleccionado ejemplares por su agresividad para favorecer su desempeño en esas peleas.
Colores y marcas
El betta macho destaca por sus colores intensos y sus aletas largas y fluidas, rasgos que lo convierten en uno de los peces de acuario más reconocibles. Las hembras suelen presentar una coloración menos llamativa y aletas mucho más cortas. En estado silvestre, la especie no suele mostrar los tonos brillantes que se ven en ejemplares criados en cautividad.
La cría selectiva ha dado lugar a una enorme variedad de colores: blanco, amarillo, naranja, rojo, rosa, azul, verde, turquesa, marrón y negro, entre otros. También existen múltiples combinaciones, desde peces de color uniforme hasta ejemplares con el cuerpo y las aletas en tonos distintos o con patrones más complejos. Lo mismo ha ocurrido con la forma de las aletas, que se han diversificado en tipos como cola de velo, cola de corona, delta, media luna, lira o cola dividida.
Ambos sexos tienen un cuerpo hidrodinámico y una boca orientada hacia arriba, adaptada para alimentarse en la superficie. Los adultos alcanzan entre 2 y 7,5 cm, y las hembras suelen ser algo más pequeñas que los machos. Una de sus características más singulares es el órgano laberíntico, que les permite tomar oxígeno directamente del aire. Gracias a ello pueden sobrevivir en aguas con poco oxígeno disuelto, aunque eso no significa que puedan prescindir de una superficie accesible para respirar.
Compañeros de acuario
Los machos no deben mantenerse juntos salvo que existan separadores físicos en el tanque. En cambio, varias hembras pueden convivir por lo general sin problemas, y también puede añadirse un solo macho a un grupo de hembras. Asimismo, pueden vivir con otras especies pacíficas y de tamaño pequeño, siempre que el acuario esté bien gestionado y no haya peces agresivos.
Advertencia
El betta macho no debería convivir con otros peces de cuerpo parecido y aletas largas, porque podría interpretarlos como rivales y reaccionar de forma agresiva.

Hábitat y cuidados
El betta es uno de los peces más conocidos y, al mismo tiempo, más debatidos entre los aficionados al acuario. La discusión suele girar en torno a si puede mantenerse en recipientes muy pequeños. Para responder con criterio, conviene recordar cómo vive en la naturaleza: en arrozales extensos, estanques poco profundos y cursos de agua de corriente muy lenta.
Uno de los errores más frecuentes es centrarse solo en la poca profundidad del agua y olvidar la temperatura. Los bettas proceden de regiones tropicales, por lo que necesitan aguas cálidas, alrededor de 26,6 C como referencia habitual. Si la temperatura baja por debajo de 24 C, su bienestar se resiente y pueden volverse menos activos y menos vistosos. Por eso, un recipiente pequeño sin control térmico no es una buena solución.
Aunque toleran entornos con poco oxígeno disuelto, siguen necesitando respirar aire de la superficie. Su órgano laberíntico les permite hacerlo, pero solo si pueden acceder con facilidad al aire atmosférico. De hecho, en ausencia de ese órgano, el pez no puede sobrevivir aunque el agua esté bien oxigenada. Esta es una de las razones por las que no deben colocarse en recipientes cerrados o demasiado restringidos.
Lo ideal es mantenerlos en agua blanda, templada y con un pH neutro o ligeramente ácido. La corriente debe ser suave; por eso, los filtros muy potentes o los dispositivos que agitan demasiado el agua no resultan adecuados. Pueden vivir en un acuario comunitario si las condiciones son correctas y si no hay especies conflictivas o con aletas muy llamativas. Aun así, salvo que exista una separación interna, solo debe mantenerse un macho por acuario.
Los separadores de plástico son útiles tanto para alojar varios bettas en un mismo tanque como para compartir espacio con otros peces que podrían sufrir mordisqueo de aletas. Las hembras, por lo general, no se enfrentan entre sí y pueden mantenerse juntas en un mismo acuario abierto.
Alimentación
En su medio natural, los bettas se alimentan casi exclusivamente de insectos y larvas de insectos. Su boca orientada hacia arriba les permite capturar con facilidad pequeños insectos que caen al agua. Además, su sistema digestivo está adaptado a una dieta carnívora y es más corto que el de los peces herbívoros.
Por ello, los alimentos vivos son la mejor opción para esta especie. Aun así, también aceptan escamas, comida congelada o liofilizada. Entre las opciones más habituales se encuentran la artemia, el plancton, los tubifex, los gusanos de vidrio y el corazón de res, disponibles en versiones congeladas o deshidratadas. Si se emplean escamas como alimento principal, conviene complementarlas con comida congelada, liofilizada y, cuando sea posible, alimento vivo.
Diferencias entre machos y hembras
Los machos suelen ser más coloridos, con aletas más largas y vistosas. También presentan una “barba” más marcada bajo la cubierta branquial y, por lo general, alcanzan un tamaño algo mayor. Las hembras tienen aletas cortas y, cuando están listas para reproducirse, pueden mostrar bandas verticales y un punto de puesta visible.
Reproducción de los bettas
Los bettas tienen una vida relativamente corta y suelen reproducirse mejor cuando aún no han cumplido un año. Los ejemplares vendidos en tiendas suelen tener al menos seis meses. Su reproducción se basa en un nido de burbujas y no requiere un acuario enorme ni equipamiento especial.
Muchos criadores consideran que un tanque desnudo de unos 45 litros funciona bien, aunque también pueden utilizarse recipientes más pequeños. Antes de la reproducción, conviene acondicionar a los peces con una dieta rica en alimento vivo. El agua del acuario de cría debería mantenerse en torno a un pH de 7,0 y una temperatura de aproximadamente 26 C o algo más.
Cuando está listo para reproducirse, el macho construye un nido de burbujas elaborado. La hembra debe disponer de un refugio, ya que durante el cortejo el macho puede volverse agresivo. Incluso con escondites, no es raro que la hembra pierda algunas escamas o sufra daños leves en las aletas.
En el momento de la puesta, ambos ejemplares muestran colores más intensos y nadan juntos bajo el nido de burbujas. El macho envuelve a la hembra mientras esta se gira sobre el lomo. A medida que ella libera los huevos, estos son fecundados y comienzan a hundirse. El macho los recoge y los coloca en el nido. Desde ese momento se ocupa de los huevos y de las crías, por lo que suele recomendarse retirar a la hembra para evitar que el macho la ataque durante el cuidado de la puesta.
El macho seguirá vigilando el nido, devolviendo al mismo los huevos o alevines que se desprendan. En uno o dos días los huevos eclosionan y los pequeños quedan colgados del nido, con la cola hacia abajo. Durante unas 36 horas más se alimentan de su saco vitelino, mientras el macho continúa recogiendo a cualquier cría que caiga. Conviene retirar al macho en los dos días posteriores a la eclosión, ya que puede comerse a los alevines cuando empiecen a nadar libremente.
Las crías deben alimentarse a diario con varias tomas de artemia recién nacida o con un alimento muy fino específico para alevines. Hay que evitar el exceso de comida, porque los restos ensucian el agua y pueden resultar letales para los pequeños.
