La equitación de resistencia consiste en recorrer distancias de entre 80 y 240 kilómetros por terrenos que pueden ser muy variados y exigentes. Estas pruebas suelen desarrollarse a lo largo de uno, dos o tres días, y antes, durante y después de la competición los caballos pasan controles realizados por veterinarios cualificados y por el jurado. Para quien se estrena en esta disciplina, lo más habitual es empezar con una prueba de un solo día, de unos 32 o 40 kilómetros.
Ganar implica mantener un ritmo alto, superior a los 20 kilómetros por hora, pero no todos los participantes entran en este deporte con esa meta. Mucha gente compite simplemente con el objetivo de completar el recorrido. En Norteamérica, Reino Unido, Australia y otros muchos lugares se toman precauciones estrictas para proteger la salud y la seguridad de los caballos. Aun así, la disciplina ha generado polémica, porque llevar a un caballo demasiado lejos o demasiado rápido puede provocarle agotamiento e incluso la muerte. Cuando se respetan las reglas y la prioridad es el bienestar del animal, los incidentes graves son relativamente poco frecuentes.
¿Cuál es el objetivo?
Si vas a practicar esta modalidad, tendrás que aprender a acondicionar a tu caballo para que pueda sostener un ritmo constante y rápido durante largas distancias. El primer caballo que cruza la línea de meta es el ganador, pero para muchos participantes el verdadero logro está en llegar al final con el animal sano, entero y en buenas condiciones. De hecho, entre los aficionados a las distancias largas se repite una idea muy sencilla: terminar ya es ganar.
Qué necesitas
Casi cualquier caballo puede participar en equitación de resistencia, salvo las razas más pesadas. Caballos compactos y musculosos, como los Cob, algunos de tiro o incluso ciertos ponis, pueden hacerlo bien siempre que no se les exija una velocidad excesiva. Sin embargo, los caballos árabes suelen considerarse los más adecuados para este deporte.
La pieza de equipo más importante para el jinete es la silla. Para empezar, basta con una silla cómoda que se adapte correctamente tanto al caballo como al jinete. Si decides seguir practicando esta disciplina, quizá te convenga invertir en una silla específica para resistencia. Además de la silla, necesitarás al menos una cincha y una mantilla o almohadilla; también es recomendable llevar algunas de repuesto, por si se mojan o se ensucian durante la ruta.
No hay una norma fija sobre el tipo de brida o cabezada que debes usar. Las riendas sintéticas suelen ser más fáciles de limpiar. Una cabezada sin bocado o una cabezada pensada para resistencia puede facilitar que el caballo coma o beba durante el recorrido.
En los controles veterinarios puede ser útil llevar una cabezada y una cuerda de manejo, o incluso retirar el bocado de la cabezada de resistencia si eso te resulta más práctico.
También conviene llevar esponjas, cubos, mantas refrescantes, chubasqueros y sudaderas o mantas de abrigo. Todo eso te ayudará a refrescar al caballo si hace calor o a evitar que sus músculos se enfríen demasiado cuando baje la temperatura. Las rasquetas y los cepillos para sudor también son muy útiles para retirar el barro y el sudor seco.
La alimentación es otro punto clave. Tendrás que llevar heno, cereales y suplementos. Muchos jinetes de resistencia ofrecen pulpa de remolacha húmeda porque aporta energía y añade algo más de agua a la dieta del caballo. La deshidratación es un riesgo importante cuando el animal suda mucho, así que los electrolitos y el agua resultan imprescindibles. Tampoco debes olvidarte de llevar comida para ti. Mantener al caballo hidratado es fundamental.
Tu ropa también importa. Lo mejor es vestirse con comodidad y estar preparado para cualquier cambio de tiempo. Este es uno de esos deportes en los que la clave está en vestirse por capas, sobre todo porque es probable que empieces en las horas frescas de la mañana y termines pasando por el tramo más caluroso del día. Si existe la posibilidad de que montes de noche, una linterna frontal puede ser de gran ayuda.
Salvo que sepas con seguridad que el recorrido tendrá un suelo blando, el caballo probablemente necesitará algún tipo de protección en los cascos. Las herraduras normales pueden ser suficientes, aunque muchos jinetes optan por herraduras antideslizantes si el trazado es rocoso o especialmente resbaladizo.
Qué puedes esperar
Cuando llegues al punto de salida, procura que tu caballo esté tranquilo y cómodo. Muchos participantes acampan la noche anterior, porque con frecuencia la prueba comienza a primera hora de la mañana. En la oficina de inscripción recibirás el paquete de competición, con tu número, la hoja de puntuación y otra información útil.
Después llevarás al caballo ante los veterinarios y el jurado para una revisión completa. Registrarán datos como la TPR y el nivel de hidratación. También te pedirán que trotes con el caballo en línea recta para evaluar su movimiento, su seguridad y su actitud.
Tras la revisión veterinaria, normalmente se pasa la noche descansando. Los remolques adaptados para transporte suelen ser una forma habitual de alojamiento para los caballos. En ese momento conviene seguir ofreciendo una solución con electrolitos y asegurarse de que el animal coma y beba con normalidad.
A primera hora del día siguiente comenzará el recorrido. Todos los participantes salen al mismo tiempo, y esas salidas en masa suelen ser muy emocionantes. Algunas personas prefieren esperar en sus remolques hasta que se calme el polvo y la salida se ordene.
Durante la ruta debes darle al caballo todas las oportunidades posibles para beber y comer. Los controles veterinarios intermedios existen para comprobar que el animal sigue sano y en condiciones de continuar. Al final, el caballo volverá a pasar una revisión detallada. Los premios suelen entregarse cuando la mayoría de los caballos ya han terminado la prueba.
Preparación del caballo
Tu caballo debe encontrarse en buen estado físico. Si tiene sobrepeso o está poco entrenado, el proceso de preparación tiene que ser muy gradual. Empieza montándolo de cuatro a seis días por semana, con sesiones de unos ocho kilómetros a un ritmo de entre 6 y 10 kilómetros por hora. Después, aumenta poco a poco el tiempo, la distancia y la velocidad. Lo ideal es comenzar la preparación entre 8 y 12 semanas antes del evento.
Antes de intentar una prueba de resistencia, puede ser útil participar en rutas competitivas o en recorridos por kilómetros, donde podrás aprender a regular el paso del caballo en distancias algo más cortas. También conviene entrenar en terrenos variados, incluidas subidas pronunciadas. Además, acostúmbralo a mantener la calma cerca de carreteras y vehículos todoterreno.
Cómo prepararte tú
La equitación de resistencia exige una buena condición física tanto del caballo como del jinete. Además de montar, merece la pena complementar la preparación con ejercicio cardiovascular. Come bien e intenta llegar al evento descansado. Un jinete cansado supone una carga mayor para el caballo, del mismo modo que es más fácil llevar a cuestas a un niño dormido que a uno despierto.
Vístete con ropa cómoda y lleva un cambio completo. Conoce bien a tu caballo y aprende a identificar señales de cansancio, incomodidad o dolor. También es aconsejable contar con un equipo de apoyo que te ayude a cuidar del caballo y de ti mismo durante la prueba. Y no olvides aprender cómo suministrar electrolitos a tu caballo de forma adecuada.
Al final del día
Se trata de un deporte exigente, y tu objetivo en la primera carrera no tiene por qué ser ganar. Muchos jinetes se inscriben simplemente para terminar. Montar un caballo durante 80 kilómetros o más ya es un logro importante, tanto si acabas en primer lugar como si cruzas la meta de último. Además de mejorar tu forma física, harás amistades y aprenderás algo nuevo con cada kilómetro.
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